miércoles, 23 de octubre de 2019

CINE / MEMORIA HISTÓRICA & GUERRA CIVIL: MIENTRAS DURE LA GUERRA & LA TRINCHERA INFINITA








         MIENTRAS DURE LA GUERRA
&
LA TRINCHERA INFINITA

         Dos películas españolas recientes tocan el pasado, removido por la actualidad, ya sea de manera directa, por la exhumación de Franco; o de manera indirecta, por el tema catalán, más allá del procès. Una, ‘Mientras dure la guerra’ de Alejandro Amenábar, estrenada el viernes 27 de septiembre de 2019. Y otra, ‘La Trinchera Infinita’, dirigida por Jon Garaño, Aitor Arregui y José María Goenaga, que se estrena el próximo viernes 25 de octubre, vienen a recordarnos que la guerra civil sigue siendo un tema no superado por la sociedad española.

No en vano ya vemos el conflicto y el revuelo que ha causado la exhumación del dictador Francisco Franco. En cualquier país no se habría mantenido un mausoleo a un caudillo tras 41 años de democracia. Algo permitido por todos los gobiernos democráticos. Que la transición democrática no se hizo de la manera más eficaz posible, pese a la Ley de la Amnistía de 1977 y a que se desechó la ley de la Reforma Política lanzada por Arias Navarro, es evidente vista la actualidad política.




       En este caso, el arte, a través de dos obras audiovisuales viene a recordarnos que no se puede olvidar la historia reciente, negada por algunos e ignorada por otros. Y la importancia de mostrar la realidad silenciada, de dialogar, de cerrar heridas y de cumplir con el duelo de muchos familiares y familias tocadas de manera frontal y directa por tal asunto de gran calibre. Ante todo es a partir de historias personales, individuales, focalizadas, donde nos identificamos, porque vemos el daño hecho, un daño plausible, abierto y muy abierto.

A fecha de hoy, ‘Mientras dure la guerra’ ha superado el millón de espectadores y 6,5 millones de euros de recaudación, y no lleva ni un mes en cartelera. Han sido muchos los periodistas culturales que han criticado ‘Mientras dure la guerra’, mencionemos como ejemplo a dos clásicos de la crítica cinematográfica como Carlos Boyero u Oti Rodríguez Marchante.


Boyero comenta en vídeo. Por cierto ese audio en directo tan bajo y en mono, contrasta negativamente con los clips de las películas, ¡por favor! Lo dicho a Boyero siempre le inspira respeto Amenábar, como trata con sobriedad la historia, y como dirige a los actores Karra Elejalde y a Eduard Fernández. Sobre ‘La Trinchera Infinita’ reconoce el interés que le ha despertado y el estilo que muestra este cine, a la par que alaba las interpretaciones de Belén Cuesta y de Antonio de la Torres, pero se muestra más crítico, con el metraje y con el acento andaluz, a lo que sugiere poner subtítulos. Esto último –ahora digo yo- no es para tanto, porque los nativos pueden ¡Si se entiende hasta siendo de la Meseta!

Oti Rodríguez Marchante lamenta los prejuicios y la ficción que entran en juego en la película. Que se utilice como clímax narrativo ese “venceréis pero no convenceréis” que no es seguro que dijera Unamuno. Rodríguez alaba la interpretación de Elejalde, de Fernández y de Santi Prego, que hace de Franco. Un Franco con apariencia de inocente y bonachón, pero que con pericia, astucia y tesón desató lo indecible. Elogia a Amenábar por saber hacer un retrato humano de la complejidad humana, en este caso de la de Unamuno, y presenta la contradicción como elemento central del protagonista en la acción ¡Pero solo le da 3 estrellas sobre 5!

Periodistas más jóvenes como Quim Casas destaca la elegancia y la tensión que utiliza Amenábar en la historia. Aludiendo a los cambios de Unamuno, a la evolución de la historia y al clímax dramático. También subraya que el director no juega a los bandos, sino que muestra la historia, antes de que aparecieran vencedores y vencidos en escena. Se queda en un punto medio. Buscando las puntas a unos y a otros. Aún así, también puntúa con 3 estrellas sobre 5.

La periodista cultural Lorena G. Maldonado criticó la película a través de su cuenta de twitter. En la que critica que manera firme la aproximación de Unamuno que hace Amenábar en manos de Elejalde. Que si ramplón, sin hondura y con poca credibilidad intelectual. Señalando que no se sigue la estela de las contradicciones sino de un cascarrabias. A lo que puedo decir que si bien la película no es redonda y tiene sus peros. Esa caracterización que indica Maldonado, es hiriente y se queda en la caricatura.


El acierto de Amenábar es retratar las contradicciones de un intelectual, los distintos estadios por los que puede pasar alguien hasta conocer la realidad en primera instancia. Es en esas incoherencias, quiebros y cambios de idea o postura, en los que se acerca a lo real, o lo vívido. Porque la vida no es blanco o negro. Amenábar acierta en el enfoque porque su narración empieza antes de que haya vencedores y vencidos. Elige ese momento de alzamiento y de progresión. Retrata muy bien a los personajes. Aunque coincida en el ligero punto histriónico de Unamuno que remarca Elejalde. Pero la película funciona, y no por exaltar a miembros de España 2000 en cines, ni por las críticas por un lado y por otro. Sino en que crea debate y señala la brecha, el punto de inflexión.

Por su parte, “La Trinchera Infinita” aunque tenga una duración de casi dos horas y media (147 minutos) es una película dotada de mucha fuerza en su primera parte. Conectas con las historias humanas por su verdad inmediata, posee un ritmo frenético inicial hasta que se centra en la evolución histórica del topo. Y llega otro ritmo. Pero el acecho. Sí, ahí llega la densidad. No me quedo con lo que aducen Nando Salvá o Carlos F. Heredero. No falta hondura psicológica, ni le falta valor al enfoque o giros revulsivos al desarrollo. La tensión, el hastío del ‘topo’ (se denomina a las personas perseguidas por el los nacionales que se escondieron para no ser atrapados) que ya no sabe sí tiene valor o es un cobarde ¿El retrato podría haber sido más exhaustivo, tanto de los protagonistas como del entorno? Sí, pero los puntos de fuga de la pareja están ahí visibles pero sin asignar. Las tensiones, los odios entre vecinos también aparecen ahí, silenciados o visibles. La fotografía busca la luz en la oscuridad y la tierra. Y los protagonistas, Belén Cuesta y Antonio de la Torre hacen unas interpretaciones magníficas.



En definitiva, La Trinchera Infinita es la historia de una elección dura, la de ocultarse y esconderse por no morir, pero aún así perder la vida. Es la historia de una sociedad derrotada por el hambre y el sometimiento. Y también por el control, la censura y el colapso que produjo ese cierre a lo exterior. Una historia ruda desde lo personal y lo emocional de lo que supuso una herida de casi medio siglo. El cine nos refleja historias humanas con un poder visual que nos hace un efecto inmediato. Y es que son historias reales que sucedieron y que se repitieron (el tema de los ‘topos’). No fueron hechos aislados. El tema catalán es consecuencia también de las políticas de Franco, y de la discriminación y arrinconamiento de lo diferente (la cultura vasca, catalana y gallega). Que todavía está abierta y que tendríamos que desinfectar antes, para que cicatrizara ya de una vez por todas. A ver si es posible ya. Que toca ya otro rumbo en esta sociedad española.




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